El café es un bálsamo para el corazón y el espíritu, así lo dijo Giuseppe Verdi, uno de los más influyentes compositores de la ópera italiana del siglo XIX, y es que el café es considerado una de las bebidas más socializadoras del mundo y el cultivo generalmente esta culturalmente ligado a la historia y el desarrollo económico de muchos países que lo han producido por años.

El caso de El Salvador no es la excepción, el café siempre ha sido uno de los productos emblemáticos y es reconocido a nivel mundial por su calidad y sabor, y es por ello que cuando de identidad nacional se trata no podemos dejar de hablar de él.

El café se introdujo en El Salvador a finales del siglo XVIII en unas fincas de Ahuachapán. Posteriormente fue tomando mayor importancia a medida que para 1846, los agricultores, por 10 años, quedaron exceptuados de impuestos y los operarios, del servicio militar.  Poco tiempo después una serie de eventos permitieron la intensificación del rubro, gracias al primer tratado comercial con Estados Unidos en 1853, la fundación del Banco Internacional en 1880 y la instalación del telégrafo como principal fuente de comunicación de nuestro país con el mundo. A partir de 1857 se expandió el cultivo por todo el territorio salvadoreño, iniciando en Ahuachapán para luego pasar por Santa Ana y Sonsonate. Posteriormente se introdujo en el oeste de San Vicente, en las montañas de Berlín y en el Volcán Chaparrastique de San Miguel.

La modernización inició en los años 50 estimulada por los altos precios a nivel internacional. Se comenzó a utilizar un mejor uso de fertilizantes, a manejar la sombra de cafetales en diferentes formas, a usar nuevos sistemas de poda, a iniciar prácticas anti-erosivas y a elevar la población de arbustos a unos 2,000 cafetos por manzana. De igual manera su auge se originó utilizando la sombra de árboles que provenían de bosques húmedos primarios, a medida que se fue intensificando, estos fueron sustituidos por otras especies, principalmente por los del género Ingas por poseer las características adecuadas para el cultivo.

En la actualidad el café salvadoreño tiene buena reputación a escala mundial por su dulzura, su cuerpo, su acidez y una serie de atributos que encantan no solo el paladar, sino también al olfato de quien lo degusta, que es de las variedades de la especia arábica: Bourbón, Pacamara y Maragogipe. Para ello se ha establecido un exigente sistema de clasificación el cual debe cumplir con particularidades como ser limpiado a mano, procesado con agua fresca, recogido tinto, con 0% de granos defectuosos y una humedad promedio del 12%.

Además, contamos con diferentes profesionales en esta rama, lo que representa un alto valor agregado para nuestro país en el tema, tal es caso de Alejandro Méndez quien ganó el campeonato mundial del barismo en el 2011, y de 8 catadores con certificación Q Grader: Ernesto Velásquez, Gabriela Flores, Jorge Escobar, Cesar Magaña, Jorge Arévalo, Manuel Vindel, Luis Rodríguez y Raúl Rivera.

El café salvadoreño ha sido considerado, por los especialistas internacionales que conformaron el comité evaluador en el Certamen Taza de Excelencia 2018, una de las bebidas favoritas en Europa y Asia.

Si luego de leer esta nota, te sientes orgulloso de nuestra café te invitamos a disfrutar el mejor café del mundo: el salvadoreño