El cine en El Salvador tiene sus primeros impulsos en 1989, pero no fue hasta 1905 cuando se comenzaron a grabar las primeras imágenes de San Salvador y de la laguna de Ilopango. En 1917 se estrenó, en el Teatro Principal, la película titulada Erupción del Volcán de San Salvador, de más de una hora de duración y que se filmó durante y después de la catástrofe. De igual manera, otro de los primeros largometrajes fue Las fiestas agostinas que se estrenó con mucho éxito en 1924. Entre los pioneros de la cinematografía en El Salvador se encuentran Aníbal Salazar, Humberto González y Ricardo Imery.

En un principio, predominaba el cine como propaganda gubernamental. El expresidente Maximiliano Hernández Martínez vio en él una herramienta a su favor, por lo cual bajó los impuestos de importación de equipos e instaló laboratorios en la casa presidencial. Trabajó con el director italiano Alfredo Massi, quien fue un ícono del cine salvadoreño a partir de la década de 1930, en diferentes títulos como como Recepción ministro Estados UnidosDesfile militar del general MartínezTransmisión de poder del general MartínezRecepción ministro de MéxicoCreación del Banco Central de Reserva Aspectos de la labor de Martínez. Massi continuó filmando para otros presidentes militares como el general Salvador Castaneda Castro (1945-48), el coronel Oscar Osorio (1950-56), el teniente coronel José María Lemus (1956-60) y el coronel Julio Adalberto Rivera (1961-67). Su trabajo, desde 1929 hasta 1966, constituye casi cuatro décadas de memoria fílmica en El Salvador.

Juan José Salazar Ruiz es otro importante camarógrafo en las décadas de 1950 y 1960. A partir de 1951 realizó documentales comerciales para Cine Revista Salvadoreña. En ella, además de las actualidades y los anuncios comerciales, se presentó poesía y chistes filmados en los que aparecen Albertico, Medina Funes, Aniceto y otros cómicos del momento. En 1952, Salazar Ruiz se independizó y fundó Cine Selecciones, que incluye notas de gobierno, deportes, sociales y publicidad y que se mantiene en actividad hasta 1980.

En 1954 la Compañía Cinematográfica Salvadoreña, empresa de Julio Subiyaga, filma con Estados Unidos The Black Pirates El pirata negro (1955). En este proyecto, las localizaciones, los extras, dos de los protagonistas y el dinero de la producción son nacionales, por lo que el filme se puede considerar técnicamente una coproducción. Este filme no tuvo éxito, ni comercial, ni de crítica y la productora salvadoreña, que tiene los derechos para la región centroamericana, no recuperó la inversión. Pese a este fracaso, al año siguiente se realizó otra coproducción, esta vez con México. Se trata del filme Cinco vidas y un destino, dirigida por el mexicano de origen español, José Baviera (1956).

Esta vez las partes involucradas son la compañía Izalco Films y el español Antonio Orellana, El salvadoreño Guillermo Pinto participó como productor asociado.

La película toma la trama de cinco fugitivos que escapan de una cárcel, para la cual se usa como localización el cuartel de Santa Ana y como pretexto para hacer un recorrido por los paisajes salvadoreños. Nuevamente esta producción se considera de baja o nula calidad cinematográfica y tampoco tiene éxito económico, lo que desanima a los inversionistas locales y causa la desarticulación de Izalco Films. Ante este nuevo fracaso, El Salvador tuvo que esperar casi una década para realizar otra coproducción.

Alejandro Cotto es el cineasta más célebre de El Salvador. Sus primeras películas sobre el pueblo de Suchitoto, Festival en Suchitoto (1950) y Sinfonía de mi pueblo (1951), las realiza con una cámara que le prestó Alfredo Massi, son filmes típicos con música de marimba. Luego Cotto se beneficia con una beca para estudiar cine en México y allí comprende que existe un cine diferente al que se veía en el país, el cine europeo.

A su regreso a El Salvador, Cotto labora en el departamento de prensa de la Casa Presidencial y en la División de Menores. Para ella realiza su primera película profesional, Camino de esperanza (1959), un documental en blanco y negro, que propone una denuncia de la irresponsabilidad paternal, con algunas imágenes sobre la pobreza que hacen ver al país como subdesarrollado. Más adelante trabajó con unos productores alemanes de Kaiser Films con los que lanzó El rostro (1961) y El carretón de los sueños (1973)

José David Calderón fundó su propia empresa de producción cinematográfica, Cinespot, con la cual en 1969 filmó un largometraje sobre la clasificación del El Salvador al mundial de fútbol de México 1970, Pasaporte al Mundial. El filme es un éxito de taquilla sin precedentes, en un momento en que el país atraviesa una recesión económica debido a los conflictos que se viven con Honduras, que justamente se denominó la “guerra del fútbol”, y que conduce al cierre de las fronteras de Honduras para los campesinos salvadoreños. También trabajó en los proyectos Los peces fuera del agua, Izalco y comenzó Pájaros sin nido, que por el golpe de Estado al general Carlos Humberto Romero el país se detuvo y lo que se creyó como un asunto pasajero fue el inicio de una guerra de más de una década, por lo que el proyecto nunca se concretó.

Durante estos años de luchas internas, el cine fue un arma fundamental en el combate. Múltiples realizadores europeos y estadounidenses produjeron decenas de documentales para sus públicos. De igual manera, las cadenas de televisión internacionales se instalaron de forma permanente en San Salvador y cubrieron diariamente los acontecimientos.

De entre estos sobresale el filme Historias de Pulgarcito del realizador mexicano Paul Leduc (1980), un largometraje documental que financia la Resistencia Nacional, y que se basa en el texto homónimo del poeta Roque Dalton y que cuenta con importante participación local. Éste es el primer filme con resonancia en el exterior, al ganar premios en festivales internacionales.

Diversos colectivos de artistas se integraron y realizaron los primeros filmes sobre la guerra con el objetivo de testimoniar los conflictos que suceden en el país. No fue hasta el 2005 que un director mexicano con experiencia en Hollywood, Luis Mandoki, se interesó en el guión de Óscar Torres sobre un muchacho de 11 años, llamado Chava, atrapado entre el ejército y la guerrilla salvadoreña. Por diversas cuestiones políticas y de presupuesto, la película se rodó en México.

El salvadoreño Andre Guttfreund es el único centroamericano en haber ganado un Oscar. El logro tuvo lugar en 1977 al mejor cortometraje de ficción por In the region of ice, una adaptación del libro de la novelista estadounidense Joyce Carol Oates. Se trataba de un proyecto de tesis que hizo con su compañero Peter Werner en el American Film Institute. Él era el productor y Werner el director. Guttfreund vivía en Estados Unidos hasta que en el 2009 comenzó a realizar visitas a El Salvador y a participar en talleres de cine ficción, sin embargo, fue en el 2011 que regresó definitivamente para ayudar con el desarrollo de la industria cinematográfica y la producción de ficción.

 

Fotografía destacada gracias a @diegotall en Instagram